El 1 de julio de 2018 recibí un mensaje en mi móvil que me informaba que había sido dada de alta como autónoma en la seguridad social. Ese fue mi primer error como emprendedora. Solo a una inconsciente como a mí se le ocurre hacerse autónoma vísperas de vacaciones, pero yo en ese momento sentí la necesidad de hacerlo, de hecho si no hubiera dado el paso igual el proyecto que me traía entre manos hubiera quedado en una simple anécdota.

Lo mejor y lo peor de ser emprendedora

Si por algo voy a recordar este año es porque ha sido uno de los más intensos de mi vida, y también el más duro. Ser emprendedora es maravilloso, pero que no te engañen, no es un camino de rosas como nos empeñamos en mostrar en redes sociales.

Durante los meses de verano me dediqué a poner a punto mi proyecto. La web, el branding, definir bien mis servicios, ponerles precios y empezar a buscar a los primeros clientes. Mi intención era dejarlo todo listo y en septiembre empezar de forma sería. Recuerdo que me repetía una y otra vez que en cuanto llegase de vacaciones me pondría a enviar emails a distintas marcas para darme a conocer, sin embargo eso nunca llegó a pasar.

Llegó septiembre y con él los primeros trabajos, y también las primeras cagadas. La falta de experiencia junto con la inseguridad con la que vivía en aquellos días hicieron que mis primeros clientes no quedaran muy satisfechos con mi trabajo. Aquello supuso un golpe muy duro para mí, me vine abajo y sentí que me había metido en el mayor fregado de mi vida. El disgusto duró apenas unos días, los mismos que tardaron en llegarme nuevas propuestas de trabajo y con ellas una nueva oportunidad de demostrarme a mí misma que sí, que podía.

Y lo conseguí, con mucho esfuerzo y dedicación. Pronto empezaron a llegarme grandes oportunidades de trabajo y desde entonces mi proyecto no ha dejado de crecer.

Aunque todavía me queda mucho camino por recorrer, con un año ya tengo claro que cosas no quiero hacer y que cosas son las que me han funcionado bien.

A mi yo de hace un año le diría que se relajase un poco. Que si hace su trabajo bien, es humilde y profesional no tardaran en llegar grandes oportunidades. Que hay que saber decir que no y que no vale aceptar cualquier trabajo, porque al final los resultados nunca son buenos. Que no por trabajar más horas va a ganar más o ser mejor. Que su proyecto es importante, pero no lo es todo, que también hay que dedicarle tiempo a la familia, a los amigos, al ocio y el descanso. Que se arme de paciencia porque la va a necesitar. Que habrá días de mierda en los que lo querrá mandarlo todo al carajo. Que es su propia jefa, pero tendrá que lidiar con los clientes y no siempre se lo pondrán fácil. Pero a pesar de todas las trabas la recompensa es tan grande que merece la pena el sacrificio.

Este año empiezo la nueva temporada de forma distinta, con un proyecto mucho más consolidado y seguro. Me he puesto un horario de trabajo establecido que no pienso saltarme, dejando tiempo libre para el descanso, el ocio y sobre todo, para recuperar mi vida, esa que en este último año quedo guardada en el cajón.

Si estáis en la misma situación que estaba yo hace un año o tenéis pensado emprender y necesitáis algún consejo, dejadme una pregunta en los comentarios y las responderé todas en un post que publicaré próximamente.

Nos vemos la semana que viene.